REFLEXIONES EDUCATIVAS

Por: Jorge R. Mora Forero*

La crisis recorre el mundo. Y no es una crisis cualquiera. Abarca todos los aspectos del vivir social: económicos, políticos, culturales y ecológicos, impactando mayormente a los llamados, en una forma muy simple, “Países en Desarrollo” que son exportadores de materias primas, de algunos productos con poco valor agregado, y donde existe un reducido mercado interno, por la concentración de la tierra y del capital, resultado del proceso histórico con que fue vinculada América Latina al mercado mundial.
Así que, desde el punto de vista económico, la economía globalizada nos ha puesto en una situación de desventaja para competir en ese mercado.
Desde un punto de vista político, las frágiles estructuras democráticas parecen desmoronarse en la medida en que los Estados son incapaces de asumir el reto que les fijó la modernidad con relación a hacer funcionar la sociedad y asegurar el bien común. Es cuando la democracia se convierte en un vocablo vacío.
En el plano cultural, la pérdida de identidad, muy conectada con los factores anteriormente nombrados, ha impactado los valores tradicionales, generando una situación de desconcierto que pone en duda toda la herencia humanista que fue la esencia de la llamada civilización occidental cristiana.
¿A qué viene todo esto? ¿Por qué planteamos estas cosas?
La respuesta es muy sencilla y se encierra en una palabra: EDUCACIÓN.
De educación hablan en todas partes, todo tipo de actores. Para defender y para criticar. Y, como es bien sabido, cuando las palabras se usan tanto, van perdiendo su valor, o se pervierten. Y esto, en el caso de la educación, es trágico, como lo afirma Amparo Ruiz del Castillo, refiriéndose a su significado: “Hay perversión del lenguaje y cancelación del entendimiento, cuando se supone que educar es adiestrar, que educar es entrenar para producir y que el concepto de calidad puede aplicarse lo mismo a objetos del mercado, que a los sujetos de la educación” (1) Por eso hablamos de “capital humano”, que no es otra cosa que el sujeto “sujetado”, cosificado, deshumanizado.

En el mismo sentido se pronuncia el filósofo Fernando Savater, cuando escribe: “No es lo mismo procesar información que comprender significados…Incluso para procesar información humanamente útil hace falta previa y básicamente, haber recibido entrenamiento en la comprensión de significados” (2). Así que informamos mal, y formamos peor.
Sin embargo, si hay una institución que pueda entrar al rescate de este término, con todo lo que ello implica, es la universidad.. Y más, si es una universidad que tiene una orientación humanista, aunque, en otro tiempo, esta expresión hubiera sido una redundancia. Y, esto es muy importante porque, al hacer estas reflexiones, de pronto, tenemos que comenzar por el rescate de la idea de universidad: UNIVERSITAS, no una versión sino la totalidad de las versiones; el espacio donde todas las ideas pueden ser discutidas y la creación y el uso del conocimiento pueden ser cuestionados. Y esto puede hacerse si se toma como referencia una visión pluralista de la expresión humana, a través de la historia, y el uso del método científico, en la más amplia acepción del término, ligado esto, a la vez, a un marco valorativo que pueda darle sentido a la existencia humana.
Pero esta actividad universitaria, no puede llevarse a cabo, sin la existencia de un trabajo docente que no solo traduzca conocimiento, sino que lo elabore, a partir de su propia práctica. Nos referimos aquí, básicamente, a la investigación del trabajo docente.
Planteada así la cuestión, podemos decir que EDUCACIÓN debe significar, hoy, dos cosas: preparación para enfrentar los retos de la economía y de la sociedad globales, incluyendo el apremiante problema ecológico, y una formación ética para llevar esto a cabo, en una forma humana.
El primer problema tiene que ver con el desarrollo del conocimiento, o sea, con eso que llamamos ciencia y su aplicación, la tecnología. Y, en este campo, cuando nos situamos en América Latina, parecería que, por un lado, sólo escuchamos lamentaciones por estar en un nivel tan bajo, con relación a los países desarrollados. O, por otro, escuchamos promesas acerca de un futuro que nunca llega porque nuestras estructuras socio-mentales no lo permiten.
No se han estudiado en serio, las repercusiones que han tenido sobre el desarrollo del conocimiento en América Latina, su trayectoria histórica dentro de la mundialización de la Revolución Industrial, ni esa estructura social generadora de grandes inequidades en el mismo campo, por haberse convertido en una barrera que ha impedido la llegada de miles y miles de personas capaces, a la educación superior. Ahora nos encontramos subdesarrollados, compitiendo en una economía planetaria y, dependiendo, básicamente, de unas exportaciones de materias primas que en nada cambian la trayectoria que hemos traído durante siglos.
¿Qué papel está jugando la Universidad, en este momento, con relación a ese campo de la producción de conocimientos?
En América Latina, a pesar de todas las críticas que se les hagan a los rankings universitarios, hay sólo alrededor de una decena de universidades entre las 500 mejores del mundo, porque nuestras investigaciones son de protocolo y de anaquel. O sea, para graduarse y para guardar; no para transformar. Porque no hay un vínculo vital entre la universidad y la sociedad. La primera gradúa gente sin saber para qué; la segunda crece sin saber para dónde.
La solución a las fallas educativas se convierte, entonces, en un gran desafío que la universidad tiene que afrontar de cara al avance del siglo XXI que, por donde se le mire, no pinta nada halagüeño
Sabido es que las instituciones surgen o se reforman, para satisfacer necesidades. Y esta necesidad sentida de re-modelar la educación, es la que lleva a los Departamentos de Pedagogía y Humanidades (DPH), a plantear la creación de Centros de Investigación Pedagógica(CIP), con el fin de que asuman la tarea de detectar las fallas que estén ocurriendo en ese arte de enseñar que es la práctica pedagógica, y a proponer soluciones acordes con el panorama mundial, desde la visión-misión de cada universidad, si es que estas, por más técnicas que sean, están fundamentadas, en principios humanísticos. La ciencia y la técnica, deben estar al servicio de los seres humanos y no convertirse en sus verdugos.
Ese arte de enseñar de que hemos hablado antes, ha sido descuidado en el ámbito universitario. Normalmente se piensa que basta con que un individuo sepa una disciplina para convertirlo en profesor. Y saber una disciplina es, apenas, poner a leer los textos asignados en el programa, sin importar mucho si el estudiante comprendió o no. Esto sólo conduce a la frustración de los estudiantes y a la pérdida de imagen de la universidad.
El profesor debe, además de manejar, adecuadamente, el conocimiento respectivo, ser un magnífico enseñante. Es decir, no solamente enseñarles a sus alumnos ciertos contenidos, sino enseñarles, sobre todo, a aprender.
Esto nos lo recuerda Juan Carlos Tedesco cuando escribe, refiriéndose al papel de las universidades en el dominio del conocimiento: “Este fenómeno ha sido expresado mediante la fórmula según la cual el objetivo básico de la educación, es lograr que las personas aprendan a aprender. Dicho en otros términos, el estudiante será cada vez más responsable de su propio aprendizaje y, para ello, deberá dominar las operaciones cognitivas fundamentales asociadas a cada dominio del saber y desarrollar las actitudes básicas asociadas al aprendizaje permanente: curiosidad, interés, espíritu crítico, creatividad, etc.” (3)
Lo que se plantea aquí, no es una cuestión caprichosa sino una necesidad sentida; no basta con que el profesor “sepa conocimiento” si no sabe enseñarlo de tal manera que le sea útil al estudiante para enfrentarse al mundo en que vive, cada vez más tecnológicamente complicado. La ya citada Amparo Ruiz del Castillo, se manifiesta en este sentido: “En el aspecto docente, la formación y actualización de los maestros, así como la preparación de nuevos investigadores, está centrada en la adquisición de saberes, con un descuido significativo de los aspectos didáctico-pedagógicos indispensables para la transmisión del conocimiento y el uso crítico de las nuevas tecnologías” (4).
Hay que explicitar acá que cuando hablamos de didáctica, nos referimos a todo ese campo que tiene que ver con la transmisión del conocimiento: desarrollo de programas, métodos de exposición, sistemas de evaluación, etc.
Y cuando hablamos de pedagogía, nos referimos a la orientación axiológica que debe enmarcar a los contenidos de conocimiento y al trabajo didáctico, para que tengan una dimensión humana.
¿Por qué es importante esto último?
Porque estamos perdiendo los marcos referenciales humanistas. Y, esa “ausencia de fundamento axiológico supone, a nuestro juicio, el signo más grave, más inequívoco, de la crisis de la educación” (5). Y esta crisis es sentida por los actores inmediatos del proceso educativo, o sea profesores y estudiantes; por la familia y por la sociedad toda. Por eso, como dice el citado Juan Carlos Tedesco, “En este contexto, una de las responsabilidades de la universidad, de los intelectuales y del propio Estado, consiste en responder a la demanda de sentido que la sociedad contemporánea está requiriendo. Obviamente, la respuesta a esta demanda no puede ser satisfecha desde los enfoques tradicionales, de corte fundamentalista o mesiánico. Pero tampoco puede ser satisfecha desde los enfoques asociales que dejan en la lógica del mercado la solución de todos los problemas de la sociedad” (6).
Después de estas reflexiones, solo nos queda la idea de la necesidad que tiene la universidad de formar profesores que sean maestros en todas las dimensiones de la enseñanza: en la comprensión del mundo que estamos viviendo, en el manejo del conocimiento, en una visión pedagógica que se exprese en una ética de la vida y en una didáctica activa que constituya la enseñanza en un proceso lúdico.
Maestros que se preocupen al máximo por vincular la universidad con la sociedad y el conocimiento con la vida del estudiante. Y que sientan realmente que eso que hacen, contribuye a construir futuro. En este sentido, creemos que no está de más recordar aquí, lo escribí hace ya varios años “ Porque, y esto hay que recordarlo siempre, verdadero maestro no es el que raja, sino el que enseña y el que aprende; no es el que castiga sino el que dialoga, no es el que vive pendiente de las notas sino el que forma a sus estudiantes y los capacita para enfrentarse con éxito a un mundo duro como el que estamos viviendo y los capacita también para transformarlo y para hacerlo más humano.”(7).
En cuanto a la investigación misma se refiere, es lógico que debe estar sustentada en criterios teórico-metodológicos serios que impliquen elementos cualitativos y cuantitativos, integrados, no excluyentes y que, en sus resultados, tengan una meta de aplicabilidad ya que lo que se pretende es retroalimentar la práctica docente para mejorarla, al máximo. En este sentido, el marco teórico o, para nosotros, marco conceptual-explicativo, es de primordial importancia. Tengamos presente que “hacer investigación científica es contribuir a la construcción de teoría, formulando los objetivos sustentados en la teoría y analizando sus resultados de manera tal que contribuyan a profundizar la comprensión teórica de los problemas estudiados” (8) Y, aunque parezca esto una tautología, no lo es. Todo trabajo investigativo serio, parte de una concepción teórica y la retroalimenta con su desarrollo. La teoría “abarca una amplia gama de ideas, conceptos, formulaciones, enunciados, etc., que pueden servir de soporte a una gran variedad de procedimientos metodológicos diseñados para responder a objetivos de investigación (deducidos y sustentados en la teoría)” (9). Al final, la teoría no es más que la manera como nos representamos el mundo. Por eso nos dice Antoni Colom que “Si, además, tenemos en cuenta que teoría y teatro provienen de las misma raíz griega, acaso entendamos mejor por qué una teoría es siempre representacional, es decir, en el fondo, la teoría se conforma como el gran teatro de la mente”. (10). Teatro con el cual vamos comprendiendo los fenómenos o sucesos que estamos investigando.
Finalmente, el método como procedimiento para construir datos, debe estar en concordancia con la teoría.
Teoría y métodos deben garantizarnos excelentes resultados para mirar, en ese espacio nuestro que es la universidad, el teatro educativo para contemplar y aprehender las prácticas educativas, con el fin de mejorarlas.
Para terminar, es necesario dejar en claro que la educación es la transmisión crítica de una cultura, aunque “para algunos expertos, políticos, empresarios y otros, la educación es un negocio y no debería recibir un trato distinto al de cualquier otra empresa”(11)
La educación implica:
1) LA PEDAGOGÍA (del griego PAIS- PAIDÓS = NIÑO y AGO = llevar, conducir) que hace referencia a los aspectos formativos fundamentados en una visión del ser humano y del mundo. De aquí se deriva LO ÉTICO que tiene que ver con el comportamiento en el colectivo, o en sociedad que es, finalmente, un comportamiento POLÍTICO, y LO MORAL, que se enfoca en la responsabilidad individual que es el sustento de LO ÉTICO.
La Pedagogía apunta al PARA QUÉ enseñamos. Tiene que ver con la idea de formar a un ser humano. Aquí entra la EDUCABILIDAD, o sea, la capacidad de este ser humano para perfeccionarse moral y cognitivamente.
2) LA DIDÁCTICA (del griego DIDASCO= enseñar) que hace referencia a la organización del conocimiento y su “traducción” correspondiente para ser transmitido en una forma dialéctica, lo que lleva al desarrollo del pensamiento y a no tragar entero. Apunta al CÓMO vamos a enseñarlo (enseñabilidad) y a aprenderlo (aprendibilidad) pero, sobre todo, a aprehenderlo (comprensibilidad).
3) LA DISCIPLINA (del latín DISCIPLINA = Ciencia, instrucción) que se enfoca en QUÉ es lo que vamos a enseñar y a aprender. Son los conocimientos científicos, filosóficos, religiosos, artísticos, etc., que han sido elaborados por especialistas en las respectivas áreas.
Como de los tres elementos enunciados, el fundamental es la pedagogía, podemos ampliarlo para concluir, aún a riesgo de ser repetitivos:
Entendemos por Pedagogía la actividad encaminada a darles, al estudiante y al maestro (del latín MAGIS = más y TER = tres; el que sabe tres veces más que el estudiante) una formación integral en el contexto de la docencia (del latín DOCERE = enseñar).
La actividad pedagógica toma la ciencia, el mito, el arte y la filosofía y, a través de la Didáctica, los confronta con la experiencia de los estudiantes, de los autores vistos, y del maestro, con el fin de lograr un conocimiento científico-técnico, cultural y ético de los sujetos del proceso educativo que puede conducir a crear una sociedad más democrática, más justa, más tolerante y menos desigual.
Los valores anteriormente citados, deben ponerse en práctica en el aula de clase, promoviendo una enseñanza participativa y crítica, donde los estudiantes y no sólo el maestro, se siente realmente sujetos del proceso educativo, capaces de contribuir a pensar un proyecto pedagógico y de construir su propio destino.
Toda práctica pedagógica, para que tenga efectividad desde el punto de vista de valores humanizantes, debe partir del establecimiento de relaciones de amistad entre los sujetos del proceso educativo..
De ahí se parte hacia la responsabilidad, lo que implica la creación de una conciencia histórica que haga sentir a los educandos que la sociedad es una construcción social, que los problemas sociales son problemas de todos, y que la única manera racional de solucionarlos, es creando un espacio dialógico, a través del cual puedan ser reducidas las diferencias de todo tipo, y pueda lograrse la convivencia humana. En esta forma, la Pedagogía se convertirá en una verdadera educación, y no en una domesticación. Será creación de la conciencia crítica y no su aplastamiento. Dejará de ser un discurso de valores abstractos, para convertirse en una conducta de solidaridad social…
Hoy, cuando, no sin razón, se habla del fin de la historia, de la época de la pos-verdad, de las realidades alternativas y de otros conceptos que sirven para definir una situación de nihilismo y de caos a la que nos está llevando una crisis tras otra, cada vez más profundas, la educación se vislumbra como un área y una actividad de vital importancia, para tratar de reorientar la acción humana, hacia la creación de un mundo distinto.
Hay que tratar de despojar las palabras y las ideas de ambigüedades, estableciendo la mayor claridad posible para tener un diálogo fructífero.
Es cierto que la historia, como la narrativa que se inventó Occidente para ajustar el pasado a su modernidad (a pesar de que el término MODERNUS, de MODUS y HODIERNUS = al modo de hoy, fue inventado por el cristianismo en el siglo IV), se ha venido al piso. No hay un camino ascendente, inevitable, de la humanidad. Los antiguos no supieron que eran antiguos, ni los medievales que eran medievales. Ellos fueron nombrados así, a posteriori, desde la leyenda del progreso Las mayores atrocidades de la historia de han llevado a cabo en los últimos siglos, enarbolando banderas de amor, de igualdad y de fraternidad. Y con la conciencia de estar dotados de razón por ser hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza. ¡Ni más, ni menos! Quizás podamos decir que nunca la Divinidad fue tan calumniada.
Se ha caído la máscara y estamos mostrando que el instinto destructivo, es más fuerte que la mejor de las razones.
En cuanto a la pos-verdad, es necesario preguntarse a qué verdad le ha sucedido. ¿Será a las verdades del llamado Mundo Antiguo? O ¿a las del Mundo Medieval? O, ¿a la verdad moderna, o a la posmoderna? O, más que pos-verdad, ¿no será una “neo-mentira”? Neo-mentira que nos permite, sin rubor alguno, traficar con seres humanos, arrasar con las entrañas, con la superficie y con la atmósfera del planeta, en nombre de la sagrada libertad de mercado. Neo-mentira que nos permite privatizar el Estado y prostituir la política, vendiéndolos al mejor postor. Y, esto, se nos ha convertido en “lo normal”, a través de la manipulación de las conciencias con los medios de comunicación y las redes sociales, donde cualquiera puede convertirse en famoso , o en famosa, porque ha filmado su propia muerte, o ha cometido una masacre, o realizado violaciones al por mayor. El sinsentido se nos ha convertido en el protagonista de la vida.
En este contexto, surgen dos preguntas:
¿Es posible hoy, educar? ¿Para qué?

(1) Ruiz del Castillo, Amparo, Educación Superior y Globalización, Educar para qué?, México, Plaza y Valdés, 2002, p. 105
(2) Savater, Fernando, El Valor de Educar, Barcelona, Ariel, 1997, p.32
(3) Tedesco, Juan Carlos, Educar en la Sociedad del Conocimiento, México, F.C.E., 2000, p.77
(4) Ruiz del Castillo, Amparo,op. cit., p.97
(5) Colom, Antoni J.,y Joan-Carles Mèlich, Después de la Modernidad. Nuevas Filosofías de la Educación, Buenos Aires, Paidós, 1994, p. 59
(6) Tedesco, Juan Carlos, op. cit., p.52
(7) Mora Forero, Jorge, La Enseñanza de la Historia. Historia de la Educación en Colombia, Bogotá, D.E., ECOE Ediciones, 1988, p.45. Ver del mismo autor, Historia, Enseñanza y Política, Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, 2003, pp. 84-112
(8) Sautu, Ruth et Al., Manual de Metodología, Buenos Aires, CLACSO, 2005, p.21
(9) Ibidem., p.22
(10) Colom, Antoni J., La (de)construcción del conocimiento pedagógico, Buenos Aires, Paidós, 2002, p.117

(11)Apple Michel W., Educar “como Dios manda” Barcelona, Paidós, 2002,p.15

*El autor es Licenciado en Ciencias Sociales y Económicas, Especialista en Educación, Licenciado (de posgrado) en Ciencias del Desarrollo, Magister en Docencia Universitaria, Magister en Filosofía Latinoamericana y Doctor en Historia. PEDAGOGO DE EXCELENCIA de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Autor de varios libros de Historia, política y literatura. (ver en Google y YouTube: Jorge Mora Forero)

E-mail: rafamor989@hotmail.com
Web: www.jorgemoraforero.com
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MUERTE IMPUNE

MUERTE IMPUNE
En la caverna
de mi llanto lloro;
sobre rayadas hojas
del olvido.

Del olvido
de la muerte impune.

Voces sin letras
escucho;
letras sin palabras,
sin memoria,
y, huérfanos violines,
sin manos que acaricien
melodías de vida,
en la caverna
de mi llanto.

Mariposas danzantes,
¿almas retenidas?
sobre dolientes tumbas
de barbarie rotan;
grisáceas lápidas
con pequeñas cruces,
el llanto de los muertos
cierran,
al borde del silencio
y la tristeza;
borrados serán sus nombres,
diluidos,
en el tic tac eterno
del olvido.

En la caverna
de mi llanto
lloro;
de tristeza lloro
sobre el verso inútil…

Sarcásticamente
el mundo ríe.

Allá, en la otra orilla,
nadie quiere saber
sobre las víctimas.

Llenan otras cosas
la pasión humana,
que le ha dicho adiós
a bellas utopías;
fuera de sí misma,
la razón delira…

¡Goooooooool!, ganó Chile, “mier…
mi hermosa patria”,
suerte de por medio;
y, el medio papá de las Kardashian,
se cambió de sexo;
Y México, ¿milagro incomprendido?
se llevó la de Oro, entre chiflidos;
ah, ¡y los bancos,
exaltan las ganancias
del dinero limpio,
bien lavado,
sin el rastro blanco,
y, así, de repente,
todo cambia el rostro
en el billete verde.

Coronó otra reina de la coca,
y no saben
que la Coca es Reina;
Su Majestad, la Reina Blanca;
por negocios, ansiedad y miedos,
suyo es el universo entero.

Ochenta millones, vale James,
o noventa, o cien millones de $USAS
o de $EUROS,
eso es nada, si cada patada levanta
los gritos de la patria.

Y del Chapo, no hablemos…
Muchos quieren ser James,
otros quieren ser Chapos,
son modelos;
¡gloria al dios dinero!;
los grandes millonarios,
vienen de Rusia y China,
“proletarios unidos”,
comunistas,
de guerras darwinistas
emergidos;
¡adiós don Carlos Marx!,
gracias por todo;
[aunque ahí crece
la profunda llaga,
por el viejo difunto,
denunciada]
-¿sorprendidos?-,
¡y decían
que no servía para nada
el comunismo!

Ya vendrán de Nicaragua,
y de Cuba…
cargados de fortuna,
ya vendrán;
pero…¡vamos,
que las nalgas de Jennifer López,
están de locura!

Jorge Mora Forero
Weston, Fl., USA, 2015
e-mail: rafamor989@hotmail.com
Web/blog:
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¿JUEGOS DE LENGUAJE?

¿JUEGOS DE LENGUAJE?*
(Poema-artículo)

No preguntes
por el sentido,
menos por el sentido
del sentido;
silencio
es el lenguaje
que nos pide
el siglo.

No preguntes
por el Otro,
sólo por ti
mismo;
hedonismo puro,
el placer a gritos
para quienes pueden
comprarlo y vivirlo;
para el resto, fango,
exclusión, exilio,
en su propia tierra,
o, en suelos distintos;
¿qué es el ser humano?
invención y mito:
¿juegos de lenguaje?
conceptos
vacíos
con muchos sentidos.

Con ningún
sentido.

Silencio…
silencio que ruge
la Guerra:
misiles que liberan
con olor
a sangre;
cabezas que ruedan,
hogueras que matan,
venganzas salvajes;
¿juegos de lenguaje?
y bombas racimo
maestras de muerte:
¡pedazos humanos
que salvan
Derechos
Humanos!

Silencio
por la muerte
del Lógos.

(*) A propósito del pensamiento del filósofo austríaco Ludwig Wittgestein (1889-1951), acerca de la realidad, entendida como “juegos de lenguaje”.

Para este famoso pensador, la realidad está en el lenguaje. Entonces, lo que hay que investigar no es la realidad, sino el lenguaje. Todo se reduce, como se ha dicho, a lo que él llama “juegos de lenguaje”. Así se diga, o se interprete, que este último es sólo un instrumento mediador.
De todas maneras, este planteamiento deja de lado:
1.- Que aquel que investiga (el investigador), y el lenguaje (el instrumento mediador), o su lógica, forman parte de esa misma realidad investigada, lo que hace imposible la famosa “neutralidad valorativa” de que han hecho gala los positivistas y neopositivistas de todas clases.
2.- Que el lenguaje es instrumento del poder, elemento del cual no quiere hablarse, o al que se hace sinónimo de “auctoritas”, legitimada en algún tipo de consenso democrático, externalizado por la consignación de una papeleta en una urna; por el envío del voto al centro electoral con una persona “de confianza”, o por correo electrónico. Sin importar los condicionantes del compromiso.
No puede ignorarse que el poder marca la estatura de los hombres, desde su nacimiento y que, los que “escapan”, lo hacen obedeciendo y acomodándose a esa lógica, así se vuelvan revolucionarios, pues, lo que hacen las revoluciones, es instaurar el poder de un nuevo grupo ( a veces no tan nuevo).
3.- Las palabras no son inocentes. El lenguaje no es, solamente, algo descriptivo (y ya, de hecho, toda descripción, implica unos parámetros pre-juiciados), sino indicativo. Asigna nombres, funciones, maneras (correctas o incorrectas) de pensar y de actuar. Establece lo que es verdad y lo que no lo es. Lo que es racional y lo que es irracional.
Programa las mentes logrando que ellas y sus cuerpos, acepten que son mercancías que pueden ofrecerse orgullosamente. Se han dado casos en que se han registrado los cuerpos como propiedad privada, para hacer con ellos lo que se quiera. Es la aceptación expresa de que el cuerpo es una mercancía que puede exhibirse y venderse. Y, eso, arranca desde el modelaje, pasa por otros campos como los deportes en que los jugadores son vendidos y comprados; por la política en que los candidatos son “apoyados”, “a cambio de…” que cuando sean legisladores, hagan leyes “ïnteresadas”; que si son ejecutivos, asignen contratos con formularios “marcados” (o sin ellos); y si son jueces o magistrados, que fallen o interpreten la ley “en derecho” non sancto. Y llegan estas compra-ventas, hasta la llamada prostitución (la otra, llamada así despectivamente y sobredimensionada con lo femenino; las anteriores tienen nombres elegantes que no avergüenzan, es más: honran) que, de acuerdo con su etimología, significa “ofrecerse en venta pública”.
La prostitución de lujo se llama “servicio”. La obligada por la necesidad de supervivencia, o por la violencia misma de los traficantes de carne humana, es considerada vergüenza pública.
Vergüenza pública debería ser que haya prostitutas sin prostitutos. Y no me refiero al sexo de las, y de los que venden sino, también, a los y a las ( que las hay) que compran. La venta no se da sin compra. Prostitución es esta compra-venta, vergüenza pública de cualquier sociedad, máxime si se llama cristiana (¡!).
Pero, volviendo al hilo del discurso, el hecho es que, convertido el cuerpo en mercancía y, desde la ideología dominante, ya no hay explotación sino intercambio de bienes y servicios, en el reino (que no república) del mercado, el reino de la libertad por excelencia.
4) De esta manera, los “juegos de lenguaje” ocultan, los juegos del poder que implican, siempre, explotación y exclusión.
Pero, a esta vivencia, se la llama ejercicio de la libertad; competencia y competencias; “sociedad abierta”, sociedad de logros, realización de sueños, de los cuales, el “sueño americano” ha sido el prototipo.
“Competencias”, “logros”; ¿no nos recuerda esto, la “formación” que dan los sistemas educativos actuales?
¡ Vaya juegos de lenguaje!
No se trata de culpar a Wigttgestein de nada. Es posible que no haya querido decir eso, que fue malinterpretado; que se le sacó del contexto…
O, es posible que tenga razón. Que todo sea “juegos de lenguaje”.
También, es posible que la vida misma sea, toda, un juego. Claro, para las mayorías, un juego perverso.
Por otra parte, se dirá que las palabras también liberan. Pero, ¡cuánta sangre, sufrimiento y lágrimas ha costado a la humanidad cada liberación! Que, al final acaba en las mazmorras de los dictadores, o en las cadenas del mercado que, con sus necesidades, reales o ficticias, engolosina o traumatiza las mentes robotizadas con sus imágenes, a nivel mundial.
En este espacio, el lenguaje es el mercado. Quien no lo entiende, se convierte en un “desheredado de la Fortuna”, o en un “menos favorecido”.
¡Qué hermosas metáforas puede construir el lenguaje, sobre la degradación humana!
Pero, el lenguaje no es sólo verbal o escrito. Es, también, degollar a un inocente y exhibir el acto bárbaro; es arrojar bombas inteligentes, con un coeficiente mental que no son capaces de distinguir los “malos”, de los buenos”. Cuando mueren estos últimos, y, casi siempre, son la mayoría, se utiliza otra metáfora inofensiva: “daños colaterales”. En Irak han sido más de 100.000, en Siria… en Libia… en Nigeria… en Sudán… en Ucrania… en Colombia… en México…
Si uno fuese creyente, podría aventurar que el cielo jamás programó tanto espacio para alojar a los daños colaterales del infierno…
Lenguaje es, también, saber que ocurren estas cosas, y mirar para otro lado. O, sacudir los hombros porque nada de ello nos importa. Es aceptar que la guerra es el modo natural del vivir humano.
A propósito: dado que la Organización de Naciones Unidas está incapacitada para evitarla, debería declarar a la guerra como patrimonio cultural de la “humanidad”.
Todos sentiríamos que nos pertenece. Por acción, o por omisión.
Es más: si aceptáramos que los seres humanos tienen tres grandes tipos de valores, como son, la religión, la justicia y el dinero, todos estarían representados en ese patrimonio cultural. Por eso hay guerras sagradas, o guerras justas. O guerras necesarias. Siempre habrá argumentos para justificarlas. Será la defensa de los dioses, o de algo que los dioses, o la tradición sacralizada, nos han entregado.
O, puede ser, la presencia del enemigo que cambia de rostro, permanentemente, y está que salta el muro que nos protege. Muro que se debilita a medida que descienden los indicadores de la economía, y asoma el fantasma de la recesión y, detrás de ella, el monstruo de la depresión. Entonces, los industriales y negociantes de la guerra, fabrican los productos mortales; los políticos inventan las guerras, externas o internas y, los gobiernos, endeudándose, es decir, endeudando a los ciudadanos, compran esos instrumentos mortíferos, disponiendo de las vidas propias (héroes) y ajenas (demonios), para impulsar las deprimidas bolsas de valores, donde el capitalismo especulativo se realiza.
Los políticos no se ponen de acuerdo para asignar recursos a la salud, a la educación, a la vivienda, o a los servicios sociales, en general. Pero, suenan los tambores de la guerra, que casi nunca están silenciados e, inmediatamente, casi por unanimidad, aprueban las partidas para que las carnicerías estén bien nutridas.
Los medios de comunicación (¡¡!!), graban en nuestros ojos y en nuestras mentes, con imágenes estratégicas, que estamos frente a una cruzada, o a una yihad, que es justa y necesaria. Para que no perdamos nuestro ser, que es nuestra manera de ser, o sea… de consumir. O de conservar tradiciones medievales y machistas, ancestrales.
Entonces, nada de criticas; guardemos “silencio que ruge la guerra”, con su estruendoso ruido de destrucción. ¡Qué le vamos a hacer. Marte es nuestro eterno compañero!
Cuando la muerte es ajena, ya sea por geografía, por etnia, por raza (?), o por estratificación social (carne de cañón, de daga, de AK-47, o de bomba inteligente), no provoca dolor porque es sólo un número, nada más. ¡ Juegos de lenguaje!
¿ Podemos concluir, también, que la guerra es justa y necesaria porque Dios (o la palabra con que se nombre a la Divinidad) está de nuestro lado?
Es una buena síntesis, y no hay mejor argumento para respaldarla. Lo decimos “nosotros”, y lo dicen “los de allá”, “los de afuera”, los que no son como nosotros; los que no son humanos. Esos a quienes, desde la excluyente concepción griega, eran llamados “barbaroi”, y que, según Aristóteles, habían nacido para ser esclavos. A ellos queremos hacerlos desaparecer “humanamente”.
Las tres grandes religiones monoteístas, han tenido, y tienen (así intenten suavizarlo), sus “nosotros”, y sus “de afuera”; sus “de allá”. Y, en eso se fundamenta la idea de Occidente.
Pobre idea la que tenemos de “lo humano”, los humanos. Y, más pobre aún, la que tenemos de la Divinidad, acomodada a nuestros vulgares intereses, a través de todos los tiempos y lugares; construida a nuestra imagen y semejanza, de acuerdo con nuestras pasiones.
¡ Juegos de lenguaje!
¿ Nada más?

Jorge Mora Forero

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NO MÁS TUMBAS

NO MÁS TUMBAS
Ya es hora,
¡ya no más!;
paremos a los
señores de la guerra,
impasibles verdugos
sedientos
de matar;
digámosles que
las tumbas y
las cruces
no dejan caminar,
ni dormir tranquilos,
por las pesadillas
de la infamia sin par.

Claro; no son sus
tumbas
ni sus muertos,
ni sus cruces;
son los hijos
del pueblo,
los que muerden
el polvo de la muerte,
siempre;
simples números
negativos.
O falsos positivos.

Ya es hora;
¡ya no más!;
busquémosles un
campo, un espacio
donde puedan
matarse
los que quieran;
los que incendian
pasiones
con muertos ajenos,
mientras brindan
en clubes
con rostro risueño.

Ya es hora;
no más tumbas
ni cruces
de guerrilleros
llevados por la fuerza
o el hambre,
a manchar sus manos
con sangre
de hermanos,
ante la ausencia
de un futuro humano,
para ellos negado;
no más tumbas
de civiles muertos
en fuego cruzado,
“daños colaterales”
los han llamado
cínicos guerreros
de lado y lado.

No más tumbas
de policías
o soldados
muertos,
o mutilados
en la guerra
por un salario
de miseria;
no más viudas
ni huérfanos;
no más tumbas,
ni cruces
de los hijos
del pueblo.

Ya es hora;
¡ya no más!

Jorge Mora Forero
Weston, Fl., 2014

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VERGÜENZA

VERGÜENZA
Tal vez nos engañamos;
tal vez no aprendimos
a escribir ni a leer
el mundo
con las letras vivientes;
por la puerta trasera
del Paraíso hemos salido;
llenos de vergüenza,
cubriendo las vergüenzas;
aplastando las fuentes
de la vida;
caminando hacia
la nada incierta…

El Libro de la historia
he transitado:
tormentoso camino
de violencias;
luces fugaces,
esperanzas muertas
al abrir los ojos;
“El Cristo Roto”*,
la Razón desierta;
sólo páginas negras
escritas con las
tintas del odio;

o con el amor que reza
por la muerte ajena,
la de los enemigos,
esos “otros” porque
piensan distinto
de “nosotros”.

Aquellos negativos
cuya muerte amerita
Tedeums, porque ahora
son menos;
no lágrimas,
ni pésames,
ni un gesto amigo.

Sólo páginas negras,
escritas con letras
de vergüenza,
y una página en blanco
para escribir
las condolencias.

Que nadie firmará.

Jorge Mora Forero
Weston, Fl., 2014

*Obra poética del ilustre Maestro

Ramiro Lagos.

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CONTIGO, CHILE

Hemos visto de un fatigado Atlas el furor:
romper la tierra con estruendo loco;
y, a todas estas, por si fuera poco,
el gran Poseidón que lo acolita,
festín de muerte que celebra a coro,
brusco recoge, hala de la alfombra
y nos la devuelve en gigantescas olas.

Chile, sufrido Chile, te acostaste
sobre la cama ardiente del Pacífico,
esperando quizás, que dioses buenos,
te la dejaran quieta, sin más sismos.

Pero, Natura se ofendió, y furiosa
humanos exigió sin previo aviso
en su espasmo de muerte atronadora;
calentamiento global no es frase boba,
o, alharaca de fútiles científicos,
como algunos lo toman, con cinismo;
acabemos con bosques y con mares,
seguro es el camino hacia el abismo,
es romper con el cosmos milenario,
y es sacar a los dioses de sus quicios.

Y como ocurre siempre: son los pobres
los que sostienen sobre el lomo hundido
las cargas de desgracias y dolores
con mayor sufrimiento: es su destino.

Terremoto sí falta en las conciencias
que fracture la capa de egoísmo
y permita sacar un Chile grande,
donde haya un solo pueblo, sin distingos;
lo demás, es mentira chapucera,
el eterno danzón de los políticos.

Chile, con tu bandera azul y blanco
y, con el rojo ardiente de tus hijos,
que Natura no cante su tonada
con su tono aplastante y vengativo,
cuídala más, acata sus demandas;
pues a todos nos toca hacer lo mismo;

no te ablandes, el temple no se ablanda;
levántate con furia y gesto altivo,
construye sociedad para el futuro
donde puedan caber todos tus hijos
sin discriminaciones vergonzosas,
como ocurre entre todos tus vecinos;
en América del Sur, y en la del Norte,
donde crecen los pobres, y sus gritos
claman al cielo un poco de justicia,
y ya, ni el cielo escucha sus gemidos…

Vamos, alza la frente y ¡adelante!,
Chile, mi amado Chile, ¡estoy contigo!

Jorge Mora Forero
Weston, Fl., abril del 2014
Web/blog: www.jorgemoraforero.com

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CARTA AL SANTO PADRE FRANCISCO*

CARTA AL SANTO PADRE FRANCISCO*

Weston, Florida, USA, 9 de agosto del 2013
Apreciado Santo Padre Francisco:
Reciba el filial saludo de un profesor universitario colombiano retirado, residente en Estados Unidos y que tuvo la fortuna de estudiar, en parte, bajo la dirección de los padres jesuitas: en el seminario de Tunja (Boyacá- Colombia) bajo la dirección del muy ilustre arzobispo Ángel María Ocampo y Berrío, y en Chile bajo la dirección, y con la docencia del renombrado padre Pierre Bigo y otros venerables hijos de Loyola. Y con un maestro brasileño, muy cristiano, por cierto, que me marcó de por vida: Paulo Freire. Con ellos aprendí que el cristianismo es, ante todo, una manera de vivir en el amor y que esto se manifiesta, fundamentalmente en una vida de entrega al servicio de los pobres.
De acuerdo con lo anterior, ha sido muy grato para mí que Su Santidad escogiera como nombre papal el del Poverello de Asís, ejemplo de renuncia a lo material, y de amor a los pobres y a la naturaleza. Esto es sumamente importante en un momento de la historia en que, como Su Santidad lo sabe, somos víctimas de un sistema fundamentado en un hedonismo mercantilista que, para lograr sus objetivos de ganancias al máximo, no repara en ningún límite ético ni moral al convertir a los seres humanos y a la naturaleza, en burdas mercancías desechables con lo cual, en la medida en que lo hace, convoca su suicidio y la posible desaparición de esta especie que, curiosamente, hemos llamado Homo Sapiens, al hacer imposible la sociedad y, al mismo tiempo, provocar la destrucción del planeta. Basta con leer en estos días lo que dicen los científicos respectivos sobre los cambios de temperatura y sus consecuencias desastrosas a partir del año 2040. O sea, el mañana, de los niños y jóvenes de hoy.
Es grande la alegría que se siente al ver al Padre Francisco con un mensaje y unas acciones que nos recuerdan los primeros tiempos del cristianismo cuando este no se había torcido todavía con las dádivas del imperio y se oían los mensajes de un San Agustín o de un San Juan Crisóstomo contra la avaricia de los ricos que acababa con la fraternidad heredada del hecho de ser TODOS, hijos del mismo Padre Celestial.
Hago votos por que Él lo ilumine, lo ayude, lo cuide y le dé las fuerzas necesarias para llevar a cabo esta reforma profunda que necesita la Iglesia para que deje de ser la Opulenta Sociedad de Príncipes, comprometida con la racionalidad y el modo de vida de los más altos estratos sociales, y descienda a encarnarse en el sufrido pueblo donde Cristo agoniza con las espinas más punzantes recibidas por los desempleados o subempleados, o por los empleados cuyos míseros sueldos por más trabajo, no les alcanzan para satisfacer sus necesidades y las de sus familias.
Por los que han perdido sus viviendas estrangulados por los bancos especulativos; por quienes mueren a las puertas de los hospitales, o carecen de educación mientras los corruptos que prostituyen a cada rato las palabras patria, libertad y democracia, hacen su América con los tesoros públicos, llenando sus bolsillos hasta reventar, para luego ostentar lujuriosamente la riqueza mal habida en los mejores sitios de los distintos niveles del “Jet Set”, frente al silencio cómplice de quienes debieran denunciar y clamar justicia, como los profetas (como cristiano no me eximo, por supuesto); por los perseguidos políticos por parte de sistemas de gobierno de todos los colores y creencias, y ello incluye a esos contrasentidos de la política que son las democracias “autoritarias”, legitimadas por votos que no deciden nada, y que brillan más por el uso de la demagogia o de la fuerza que por satisfacer las necesidades de los gobernados;
por los discriminados con base en el color de su piel o de su condición sexual; por los presos víctimas de una “justicia” insensible o de las injusticias de la sociedad, amontonados y abandonados en bodegas humanas, como las llama un funcionario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y en donde se matan y despedazan por sus condiciones de existencia, o se queman en medio de gritos y de lágrimas porque, a la hora del incendio, el guardia no encontró la llave, o si la tenía no quiso abrir, o porque, de todas maneras, eran considerados material de desecho, o sea, NN sociales; por los millones de desplazados de sus tierras a causa de la ambición de unos cuantos individuos o empresas nacionales o transnacionales que convierten los bosques en desiertos y los ríos claros, tal como han salido de las manos del Creador, en torrentes apestosos llenos de mercurio y demás excrementos químicos que hacen imposible la vida humana y acuática y que dejan el océano hecho una cloaca que arroja, a diario, sobre las playas, millones de animales muertos porque su hábitat ha sido destruido; todo por extraer el becerro de oro en cuyo altar sacrifican los mejores valores de la dignidad humana;
por las mujeres violentadas en todas las formas, sin derecho a defensa alguna o con defensas risibles; por los indígenas expulsados de sus selvas nativas o cazados allí como animales para convertir dichas selvas en zonas de ganadería extensiva; por los niños abusados; por esas víctimas directas y colaterales de las guerras, el perenne y lucrativo negocio de conciencias vacías y de manos desnudas frente al dolor de la orfandad y de la muerte violentas, y por un largo ET CETERA que sufre la mayor parte de la población del mundo…
Ignorante como soy en teología, pienso, sin embargo, que Cristo sigue sufriendo hoy como en esa terrible noche de Los Olivos que casi no acaba, ya que el sufrimiento de los excluidos, que son el Cristo mismo, ocurre en días y noches, meses y años que parecen eternos, porque el egoísmo de una parte de la humanidad pareciera no tener límites.
El mensaje cristiano, y esto sí lo sé, es un mensaje de esperanza. Pero esta, para tener sentido y eficacia, debe tener un mínimo principio de realidad. Y este comienza con la confrontación de los problemas.
No es fácil Padre Francisco; es una carga terriblemente pesada. Es cierto. Pero si EL QUE ES lo puso ahí, por algo será…
Grato es, también, poder hablarle al representante de Dios en mi propia lengua.
Aprovecho Santo Padre para mandarle un poema navideño que escribí el pasado diciembre con sentimientos que han surgido de mi propia vivencia en el contexto arriba descrito.
De Su Santidad con filial respeto,
Jorge Mora Forero

4350 Laurel Place, Weston, Florida,
33332, USA;  e-mail:rafamor989@hotmail.com

Blog: www.jorgemoraforero.com/blog/

*Esta carta fue entregada por FedEx  en Roma el 12 de agosto.

NOTA: La Carta fue contestada muy amablemente por El Vaticano, a través de Monseñor Peter B. Wells, Asesor de la Primera Sección de la Secretaría de Estado, el día 21 de agosto del 2013. (Copia en mi poder).

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LA VERDAD DESNUDA

LA VERDAD DESNUDA
(Cuento)

Faltaban como 12 minutos para las 12:00 de la noche, porque vio, de reojo, el relojito; el pequeño reloj que tenía sobre la mesita, cerca de la cama.. Y decidió apresurar la lectura de aquel volumen de 720 páginas que había comenzado con las 12 del medio día de ese 12 de diciembre. El 12 era su número preferido, sin saber por qué.

Había calculado que si leía una página por minuto, a las 12:00 de la noche acabaría de leer ese libro que le había llamado la atención por su título epistemológicamente erótico: La Ruta hacia lo Desconocido: la Verdad Desnuda.

Pero había perdido algunos minutos porque se había levantado a espantar lo que él creía era una pequeña rata que estaba royéndole un zapato, cerca de uno de los montones de libros viejos que estaban arrumados en varios sitios de su habitación. Al final, se dio cuenta de que no era ninguna rata sino un par de medias viejas enrolladas que habían caído del armario deteriorado, en algún movimiento inadvertido. De todas maneras, había perdido un tiempo precioso en función de la meta que se había propuesto. Y no le gustaba fallar. Y menos, mirar las manecillas del reloj, que se convertían en manecillas detestables cuando no podía culminar una lectura en el tiempo programado y tenía que agregar minutos. El reloj mismo con su tic tac tic tac, se convertía en un instrumento odioso.

Leía noche y día. Día y noche. Con frío y con calor.. En verano y en invierno. Entre semana y en festivos. Con luna llena y sin ella…Leía y leía. Solo descansaba una hora después del almuerzo, cuando no tenía lectura programada al minuto. Iba, entonces, a la cercana Plaza de la Patria, a mirar cómo los mendigos alimentaban a las palomas y cómo saltaban en el aire, haciendo hermosos malabarismos, los chorros de agua de la fuente central. Muy de vez en cuando se fijaba en alguna persona o en alguna pareja que pasaba. Pero no criticaba, simplemente observaba.

Desde el mismo día en que se había pensionado, hacía varios años, había comenzado a leer los montones de libros que había comprado durante su vida profesional y que seguía adquiriendo a través de Internet, en preciosos minutos que le sacrificaba a la lectura, para continuar alimentándola.

¿Qué buscaba? La Verdad. Así como suena. Desde pequeño se le había convertido en una obsesión.

En una iglesia le habían enseñado que: “La verdad os hará libres”. En la escuela, un maestro le había dicho de frente: “Tienes que ponerte el rostro de la verdad”. En una campaña electoral, había escuchado a un político honesto exclamar:” ¡Moriré de pie, con la verdad puesta!”. Y había muerto, claro.

Por último, recordaba que, en la universidad, un maestro de filosofía acerca del cual se decía que no había terminado la carrera, había afirmado que es la verdad lo que le da sentido a la vida. Todo eso lo había marcado profundamente. Le había imprimido un carácter de buscador de la verdad. Y había jurado que lo sería, hasta su muerte.
Escudriñó obras de arte. Frunció el ceño frente a un cuadro de da Vinci, e hizo un gesto despectivo frente a una obra de Picasso. Leyó libros acerca de las distintas religiones y no podía entender cómo, en nombre de los más hermosos principios, se habían librado las peores guerras. Penetró en las distintas corrientes y pensadores filosóficos. De Aristóteles no dijo nada, pero Descartes le pareció petulante, y de la filosofía de Nietzsche, pensó que era el último aullido de la humanidad.

Por supuesto que estudió también obras científicas pero, curiosamente, la ciencia no lo convenció nunca de ser un campo propicio para hallar La Verdad. La ciencia le parecía demasiado mítica.

Pensaba que la física que – decían -, era la madre de las ciencias, no había podido descubrir el origen de la partícula última de la materia. Lo del Boson de Higgs le parecía un chiste flojo de parte de unos científicos que se habían gastado millones y que, por lo menos por eso, deberían tener un mínimo de seriedad. ¡La partícula de Dios!, exclamaba para sus adentros. ¡Como si Dios tuviera partículas! Deberían saber que la Gran Pregunta no es descubrir si hubo una primera partícula, lo cual no es ningún descubrimiento, sino de dónde salió la tal partícula, afirmaba. En efecto, si la respuesta, en algún sentido, así sea metafórico, es que se trata de la partícula de Dios, para eso no se necesitaba despilfarrar millones, construyendo un mega-túnel entre Francia y Suiza. Bastaba con leer el primer versículo del Génesis o, quizás, cualesquiera de las narrativas que tienen las llamadas grandes culturas, sobre el origen del mundo. ¡Pamplinas! ¿Será que con los tales descubrimientos- se preguntaba-,van a agregar algo al hecho de saber que somos polvo de estrella? ¡Por qué más bien no hablan del desarrollo del universo y no de su origen, lo cual es un engaño! Esto último lo dijo, de pronto, en voz alta estando solo.

Por otro lado, pensaba también, que los mitos tradicionales por lo menos nos dejaban una literatura poética, pero los discursos científicos le parecían densos ladrillos más propios para construir pirámides faraónicas o catedrales medievales que para explicar el tan cacareado origen del universo, o la esencia del hombre.

Y, siguiendo por este camino, con relación a la energía, decía que la física no había podido explicarla. Que todo lo que había hecho, era describirla con una fórmula.
Los planteamientos de la física cuántica y de la teoría de la relatividad, le dejaban muchas dudas y ninguna certeza. Así que todo esto le parecía una nueva teología, pero sin Dios.

La política le producía alergia, sin medicina conocida, según dijo alguna vez. Si bien leyó muchos autores, fue Maquiavelo quien satisfizo de lleno, sus expectativas. Quienes no crean que la política es el fango, por excelencia- decía-, es porque, o son tontos, o son filósofos: los primeros, no entienden porque su pensamiento está programado; los segundos, no quieren entender porque viven en mundos celestes. Lo había escrito con letras rojas en la parte interna de la contra-carátula de “El Príncipe”.

Se reía de las promesas de futuro que hacían los políticos y del deber ser enunciado por los filósofos. Fácilmente nos olvidamos que el presente fue el futuro soñado, escribió en un comentario a algún filósofo político.

De la ética pensó…bueno, no se sabe qué pensó, pero la única vez que deliberada y bruscamente cerró un libro, sin terminarlo, esbozando una sonrisa irónica, fue leyendo sobre la fundamentación de la ética…

Pero seguía leyendo y leyendo. Con sus gruesas gafas de carey que se ajustaba a cada rato; sus pantalones anchos, por su abultado vientre, fruto, entre otras cosas, de hacer sólo ejercicios mentales; una camisa a cuadros con tonos rojo, negro y blanco; un buzo de lana color marrón (tenía varios de ese color), unas zapatillas negras muy sencillas, y sus 73 años encima, se acomodaba en el viejo sofá, ubicado en el dormitorio, a realizar la tarea que se había impuesto: encontrar La verdad.

Ni siquiera dejaba de leer cuando iba al baño y sólo levantaba la cabeza cuando golpeaban a la puerta de su pequeño apartamento, para entregarle las comidas que le llevaban del restaurante cercano, porque vivía solo.

Se había casado hacía un tiempo que no recordaba y se había separado, según decía, porque el matrimonio era un engaño de dos, apostando, cada uno, a ganar, para, finalmente, perder y coger cada uno su propio camino. O resignarse que era peor pues – según él -, era lo mismo que perder dos veces.

No había tenido hijos y no se le conocían parientes…

Ese día, el sol lucía radiante y estaba en su descanso en la Plaza de Armas, sentado en el mismo banco de madera, al lado de una pareja de hombres jóvenes: uno blanco y de barba y otro ligeramente moreno. Los dos lucían larga cabellera y vestían de forma sencilla con jeans, sandalias, camisetas, chalequitos delgados de cuero y gorras de algún equipo de futbol. Llevaban, también, un bolso de tres colores, terciado sobre el pecho. Parecían intelectuales jóvenes. De pronto, uno de ellos le dijo al otro: eso del pensamiento posmoderno sí es una mierda. Lo dices porque deja al hombre sin fundamentos, ¿verdad?, le contestó el otro. Sin fundamentos y sin de dónde agarrarse, agregó el primero, mientras los dos miraban a una anciana con bastón que se dirigía a la iglesia.

Luego, guardaron silencio.

Él se levantó y se fue a casa. Buscó en el computador y pidió varios libros de distintos autores, sobre la posmodernidad: dos franceses, un italiano, un alemán y un colombiano que enseñaba en Europa desde hacía mucho tiempo. Esperó ansiosamente que le llegaran, y, cuando los tuvo en sus manos, abandonó el que estaba leyendo esa mañana y se metió de lleno en uno de los nuevos, dejando para el final el de uno de los franceses, que le había llamado mucho la atención. Este último libro le llevó tres días. El primer día comenzó a leerlo a las 8:00 de la mañana y terminó a las 11:30 de la noche.

Al otro día comenzó temprano a releerlo. Desde antes del desayuno, porque iba más despacio. Esta segunda relectura le llevó dos días porque iba más lento y, además, porque había momentos en que se quedaba pensando y con los ojos fijos, alternativamente, en tres cuadros que tenía en la pared y que eran reproducciones de pintores famosos: El Tres de Mayo de Goya, El Grito de Munch, y Los Comedores de Patatas de van Gogh. Ellos llenaban sus ojos, silenciados largamente por sus pensamientos.

No sabía por qué, pero esta última lectura le había dejado la sensación de que no estaba equivocado en lo que pensaba con relación a Nietzsche. Pensaba que el famoso superhombre que había intentado construir sobre la tumba de Dios, se le estaba convirtiendo en una trágica caricatura del simio, por el egoísmo idólatra que conducía al surgimiento de un despiadado super-poder a nivel mundial: un nuevo Leviatán, inmisericordemente desgarrador de las relaciones sociales.
El panorama no podía ser más expresivo: la narrativa histórica destruida; el planeta agonizando; y el hombre más solo que nunca, librado a su propia suerte y sin un horizonte de sentido.
¿Es ese tu superhombre, Federico? ¿Es eso lo que querías? ¿Me oyes Federico Nietzsche, dondequiera que estés? Todo esto lo exclamó poniéndose de pie y agitando los brazos, mirando hacia arriba en la mitad de su cuarto. Con la última pregunta cerró los ojos por un momento, como si quisiera comunicarse con el más allá. Y, por primera vez se preguntó si sería posible encontrar La Verdad más allá de este escenario, o si esto era, simplemente, La Verdad Desnuda.

Después de esta experiencia, dejó de leer durante tres días.
Se iba al parque y se sentaba a mirar las palomas, la fuente y las personas. Pero, quien lo conocía, sabía que no estaba viendo nada de eso: para él no había mendigos con palomas, ni chorros de agua haciendo malabarismos, ni ancianas que iban con bastón a la iglesia. Miraba sin ver, mientras estaba profundamente absorto en sus pensamientos…

Volvió a leer pero ya sin mucho ánimo. Una noche, miró el reloj y vio que iba a ser media noche y, de todas maneras, apresuró la lectura. Pero, de pronto, se dio cuenta, o le pareció, que el tic tac del reloj, sonaba raro. Sonaba como más fuerte que de costumbre. Entonces, dejó la lectura y escuchó con cuidado: TIC…TAC…TIC…TAC…El ruido, no sólo era más fuerte, sino más lento. Y decidió cerrar el libro.

Sin saber cómo, se encontró mirando fijamente al reloj y pensando que con cada ruido del aparato, se iba un pedazo de nuestra vida. Y recordó, enseguida, que cuando era estudiante universitario, invitaba a sus compañeros a tomar un cafecito, para matar el tiempo.¡Qué vaina- exclamó-, tienen que pasar los años, para darnos cuenta de que es el tiempo el que nos mata a nosotros! Y continuó leyendo…

Pero en la noche siguiente, al oír el ruido del reloj, le pareció que su corazón también sonaba. Que paralelamente al TIC…TAC…TIC…TAC…,hacía TUNTUN…TUN…TUN…y comenzó a sentir que algo raro estaba pasando. Escuchaba y escuchaba. Y se tomaba el pulso. Unas veces en la muñeca y otras veces en el cuello, porque pensaba que estaba imaginando cosas. Entonces dejó de leer y se acostó. Se acostó sin terminar el libro.

En la tercera noche no se tomó el pulso para no ponerse nervioso. Pero comenzó a sentir el TUN…TUN…TUN…TUN…en la cabeza; más fuerte que el tic…tac…tic…tac… Ahora, el corazón no marchaba sincrónicamente con el reloj. Y no sabía si era éste el que se atrasaba, o su corazón.

En las noches siguientes comenzó a sentir miedo. Y con el tic…TUN…tacTUN…tic…TUN…tac…TUN…sentía que se le iba cayendo, físicamente, a pedazos la vida. Dejaba los libros sin terminar, y se acostaba. Pero ahora, allí en su cama, se ponía la mano derecha sobre el corazón para palpar sus latidos y, con la izquierda, cogía el pequeño reloj, y escuchaba y escuchaba, hasta cuando no aguantaba más y estrujaba el aparato, hasta detenerlo. Y así repetía el ritual, noche tras noche, mecánicamente: la mano derecha sobre el corazón y la izquierda, con el reloj; la mano derecha sobre el corazón y la izquierda con el reloj…Una noche se equivocó de mano y sintió como un corrientazo que estremeció todo su cuerpo, al mismo tiempo que se le nublaron los ojos, y se le cayó el reloj que quedó debajo de la cama, detenido, marcando las 12:00 pm.

Fue a levantarse para pedir ayuda pero, al hacerlo, se sintió muy liviano y se dirigió hacia la puerta. Entonces, antes de abrirla, volteó a mirar como si algo se le hubiera quedado atrás y, para su sorpresa, vio que no se había levantado del sillón. Se observó allí con la cabeza caída sobre el pecho; los ojos cerrados, los gruesos lentes escurridos hacia la parte baja de la nariz; el libro en el piso con papelitos de notas desperdigados sobre él; el brazo izquierdo colgando, casi hasta rozar el libro, y el derecho, desmayado entre las piernas. Fue cuando se dio cuenta de que su corazón se había cansado de competir con el reloj…

De todas maneras, dio media vuelta para abrir la puerta y avisarle a alguien pero, al hacerlo, esta permaneció sin movimiento y él la atravesó sin obstáculo alguno.
Afuera, cuando fue a tomar el camino, se encontró con un panorama como no lo había imaginado jamás. Lo último que sintió, fue que una fuerza centrífuga con el poder de un torbellino, desprendió las partículas de su conciencia y las arrojó en todas direcciones, mientras que su YO se diluía en algo parecido a una serpenteante, colorida e infinita textura gelatinosa que conformaba esa dimensión desconocida.

Jorge Mora Forero
Weston, Florida., 2013

 

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NOCHE…OSCURA

NOCHE…OSCURA

No es
la noche
Madre
que da a luz
al día;
esa noche
que muestra
las estrellas desnudas,
brillantes,
y provoca
la vida;
no es la casa
en que sabemos
todo,
como dijo el sabio
en la Grecia
antigua.

Esta noche… es
noche que titula
diarios
con letras de
sangre,
y, siempre
constante,
nos entrega muertos:
números y gestos,
con luces y sombras;
números
y muertos;
insulsos,
anodinos,
como el tarot,
como los edictos
judiciales,
como la indiferencia
toda
que anuda las cadenas
de barbarie.

Como esos sermones
que dicen
Amor,
sobre cada
masacre;
el amor
que disfraza
corrupción
e infamia,
y genera
perdones rituales
que lavan
conductas impúdicas,
sin que pase
nada,
sin vergüenza
alguna;
mientras,
ríos y fosas
hambrientos,
devoran cadáveres:
hijos
del silencio.

Noche…triste
noche
de danzas macabras;
historia
que repite lecciones
y quiebra conciencias
con un triunfo
pírrico:
muerte
de la ética.

Esta noche…oscura,
compañera
nuestra;
esta noche…oscura,
que nos duele
tanto.

Jorge Mora Forero,
Weston,Fl., 2012

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GRECIA:REMATANDO EL ESTADO

GRECIA: REMATANDO EL ESTADO

Jorge Mora Forero

El diccionario de la Real Academia trae varias acepciones del verbo rematar. He tomado dos: Para el cazador “dejar la pieza enteramente muerta del tiro”. Y, la otra, “vender lo último de una mercancía al precio más bajo”.

Eso nos da ideas pero, además, yo pienso que rematar no es, simplemente, dar el tiro de gracia. No es cualquier tiro que puede matar. Es un tiro para volver a matar. Algo parecido a cuando condenan a alguien a dos o más cadenas perpetuas. Con una bastaría, pero se ponen más, ya no como justicia sino como una especie de venganza deleitosa. En uno y otro caso, hay un odio-placer sádico en ello.

Además: ese otro tiro de re-mate, hoy se ha transformado en varios, tanto en las películas como en la vida real. Y, pueden ser tiros pero, también, machetazos, puñaladas, o “motosierrazos”. Depende del instrumento que tenga el victimario en su momento de saña.

Pero aquí estamos re-matando y rematando el Estado: rompiendo por todos lados el Pacto Social y feriando sus restos “al precio más bajo”.

Hoy he visto un diario, El Pais.es (1) y me han llamado la atención dos cosas: una fotografía en primera plana y varias noticias.

La fotografía, muy bien lograda por cierto, nos muestra la cabeza de un manifestante con el rostro cubierto de sangre, aprisionada por el brazo fuerte de un policía, brazo ensangrentado por el rostro del sometido que mira hacia atrás, con angustia, como pidiendo una ayuda que no llega porque no puede llegar.

Las letras Alfa y Sigma en el escudo del policía nos indican que estamos en Grecia, cuna de la Civilización Occidental. ¡Cómo se revolcarían en sus tumbas los fundadores de la Hélade si supieran que, hoy, el Occidente la tiene en la picota prostibularia.

El policía cuasi-estrangulador porta un casco que parece poshumano sobre cuyo extremo anterior descansa un gigantesco garrote, perdón un gran bastón de mando, símbolo de poder y, con efectos disciplinantes como puede verse en la cabeza y en el rostro “disciplinados” del manifestante.

Patética imagen esta del pueblo y del Estado en que el primero es asfixiado por el segundo con lo cual éste aplasta los cimientos democráticos que lo legitiman.

Atrás, no se ven en la foto pero se intuyen, sonríen los verdaderos dueños del poder al ver subir velozmente sus ganancias, frente a la indignación, hasta ahora inútil, de los manifestantes.

Adentro, el Parlamento, “representante del pueblo” (o, del demos, no olvidemos que allí nació la democracia), aprueba la disciplina fiscal (eufemismo para denominar al ¡sálvese quien pueda!) y los recortes y remates correspondientes:

Privatización de lo que queda de las empresas del Estado.
Subida de impuestos.
Aumento del IVA.
Recortes en el sector público.
Menos beneficios sociales.

Et Cetera. Con lo que esto significa: todo lo que haya que hacer para dar gusto a “LOS MERCADOS”, los nuevos dioses que deciden sobre la vida de los individuos y de las naciones. En este caso de Grecia, condenada al prostíbulo so pena de ser enviada a patadas al infierno hirviente de los “bonos basura”. Por eso, después de la aprobación parlamentaria, las Bolsas celebran los recortes. Es la fiesta del capital financiero especulativo que apuesta a la miseria de los más, para el enriquecimiento de los menos.
A la izquierda, en esa misma plana de la noticia, sale sonriente el Primer Ministro Señor Papandreu, socialista por más señas; sale, decía, con la sonrisa del tahúr triunfante, como diciendo: me los eché, ¡jódanse! Y, el muy cínico acudió al patriotismo de los parlamentarios para que hicieran la sucia tarea de entregar rendida la Patria a los pies de los codiciosos Bancos, del Fondo Monetario Internacional y, de sus garosos ejecutivos.

A propósito:

El diario nos trae una buena noticia de España; no todas son malas: 3 altos ejecutivos de Bankia (filial del Banco Financiero y de Ahorros), entre los cuales está el Ex Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, señor Rodrigo Rato, recibirán un ingreso de 10.1 millones de euros. Bankia absorbió a la quebrada Cajarioja y, ahora, por eso, cantidades de trabajadores han sido despedidos, y muchas sucursales bancarias han sido cerradas.

España tiene casi 5 millones de desempleados.

Y, la asignación de esos sueldos ocurre justamente ahí, en las narices de los “indignados” españoles que están respaldando a los “indignados” griegos.
Es el contraste entre un futuro obsceno, lleno de esplendor y seguridad, y otro lleno de necesidades e incertidumbres…

Pero, volvamos a Grecia: ¿qué le espera?

No será una reactivación económica con una aguda caída de la demanda. En medio de un desempleo creciente, un trabajo cada vez más precarizado, el Estado encogiéndose al máximo y, con una explosiva situación social como efecto de la desesperanza, no podrá competir dentro del euro y tendrá que acudir a nuevos rescates que ya no serán posibles. Entonces, llegará la hora del ¡“no pago”!, con todas sus consecuencias: adentro, fascistización de la vida como respuesta a la insatisfacción social y, afuera, reacomodo de los tahúres (¿habrá otra manera decente de llamarlos?) que ya tienen candidatos para continuar el festín: Portugal, España, Italia…

Hasta la Primera Potencia está en peligro por varias causas: el posible impago de estas deudas ya que sus Bancos están vinculados a ellas; su desequilibrada situación social interna, “el 1 por ciento de la población- los ricos- pagan menos impuestos que el restante 99 por ciento…”(2); 45 millones de pobres, el costo de las guerras ( perdidas), y una baja productividad, unida a una economía de consumo sustentada en plata prestada por los chinos y los japoneses. Y por la impresora de la Reserva Federal.

La deuda del gobierno aumenta cada vez más y, el default, o cesación de pagos, es algo que se está presentando como posible para el Gobierno Americano. Pero, creo que la respuesta para tratar de arreglar esto será obvia porque es la política de los triunfantes republicanos frente a un Obama pragmático, en vías de reelección: recortes en los fondos sociales (salud, educación, pensiones medio ambiente, etc.) y ningún impuesto para los ricos, ni para las empresas petroleras, ni para los ejecutivos garosos. O, solamente algo muy simbólico para salvar la cara.

De todas maneras, tienen que arreglar el presupuesto ya que el Fondo Monetario Internacional (¡cómo no!) le ha dicho al Gobierno que su situación fiscal es “insostenible”. Es decir… es lo mismo que le han dicho a Grecia. Sólo que ésta no tiene una máquina de imprimir billetes con valor mundial, ni una armada que le recuerde al mundo dónde está la seguridad.

Pero… ¿qué ocurrirá si Estados Unidos no puede sostenerse?

¿Habrá que traer a cuento el dicho de la época de decadencia del Imperio Romano: “Cuando caiga Roma, el universo caerá con ella?”(3).

No soy profeta. El Profeta siempre es un aguafiestas. Además, no quería hablar de esto sino de Grecia.
En todo caso, no sobra aprender mandarín.

Fuentes de referencia

(1) Ver El País.es, 29 de junio del 2011
(2) Amador, Dora, “Una democracia para ricos”, El Nuevo Herald, 24 de junio del 2011
(3) F.W.Walbank, La Pavorosa Revolución. La Decadencia del Imperio Romano de Occidente. Madrid, Alianza Editorial, 1978, p.25

Weston, Fl., 29 de junio del 2011

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